domingo, 26 de junio de 2011

Caminos y metas

Un día en una clase de filosofía me dijeron “si un placer presente va a provocar un sufrimiento futuro, evítalo”. Desde entonces le he dado vueltas a esa reflexión en varios momentos de mi vida sin llegar a ninguna conclusión precisa, y este es uno de ellos.
En cierto modo, esa reflexión es la historia de siempre, la que determina las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida: ¿Vale la pena sacrificar la felicidad presente por un posible (y sólo posible) bienestar futuro? En definitiva, ¿es la felicidad el camino o la meta?
Ser feliz (cómo serlo), no es una ciencia exacta. No existe un Felicidad para Dummies ni un Aprenda a ser feliz en 10 sencillos pasos (excepto en las Cosmopolitans, Womans, Elles y de más), y si existieran no verían la luz, porque a los editores de libros de autoayuda no les saldría rentable. Yo creo que esa es, a la vez, la virtud y el defecto de la misma: nadie sabe qué es exactamente ser feliz, pero es algo que reconoces cuando te llega.
Por eso mismo, si eres feliz (o crees serlo), ¿vale la pena sacrificar esa felicidad para obtener una mayor felicidad futura, la cual nadie te garantiza? O, visto desde el otro lado, ¿es lógico arriesgar la felicidad futura por una aparente felicidad presente?
Todos hemos visto El Club de los Poetas Muertos y llevamos el carpe diem por bandera, pero ¿cuántos de nosotros vivimos realmente de acuerdo con esa filosofía?
Cuando me planteo estas cuestiones, la niña que llevo dentro se inquieta y se acelera. Grita que la gente buena es feliz, y los buenos son los que ganan en los cuentos de Disney. Acto seguido, la cínica que nunca me abandona la aparta de una patada, se enciende un cigarrillo y llena de ceniza las portadas de esos cuentos.
Cuando tenía 12 años, quería ser una guapa y exitosa periodista deportiva. Cuando cumplí los 16, decidí cambiar el periodismo deportivo por la escritura, mucho más profunda y reflexiva. Con los 18, me pareció que lo más fácil era ser una periodista generalista, y mi meta era llegar a ser alguien respetable.
Ahora, con 20, he decidido que quiero ser feliz, aunque no sepa exactamente que es lo que significa.